AFASIAS Y DISLEXIAS, LOS ENIGMAS DEL LENGUAJE

El lenguaje es la carrocería del pensamiento consciente. Se trata de un sistema simbólico complejo que nos permite transmitir y recibir mensajes a través de los sentidos.

Ya que el lenguaje puede ser escrito, leído, hablado, y escuchado, los mecanismos neurológicos involucrados en el procesamiento del lenguaje implican un complejo patrón espaciotemporal de actividad cerebral. En este proceso cognitivo están implicados todos los lóbulos cerebrales, así como ambos hemisferios, aunque el “órgano del lenguaje” se encuentra lateralizado en términos estructurales y funcionales (Benítez Burraco 2007), en la gran mayoría de los casos, en el hemisferio izquierdo.

Estudios de neuroimagen funcional, en colaboración con la neuropsicología y la afasiología, han destacado toda una serie de áreas que intervienen en el procesamiento del lenguaje, particularmente las regiones perisilvianas del hemisferio izquierdo. (Martin 2003).

El lóbulo frontal es protagonista en la producción del lenguaje. En la afasia motora de Broca el paciente entiende todo lo que le dicen pero no puede expresarse de forma inteligible debido a una lesión en la circunvolución frontal del hemisferio izquierdo.

El córtex receptivo del lenguaje se sitúa en la zona posterior del giro temporal superior izquierdo (incluyendo el área de Wernicke), aunque la activación puede extenderse a otras áreas tempoparietales en ambos hemisferios (Breier et al, 1999). En el caso de la afasia sensorial o de Wernicke, el paciente puede hablar, pero no entiende aquello que le dicen verbalmente debido a una lesión en el tercio superior del lóbulo temporal izquierdo, que afecta a su comprensión del lenguaje.

La mayoría de las afasias son de origen vascular, un tercio de origen traumático y una minoría de origen tumoral.

En cuanto a su frecuencia, los trastornos del lenguaje más importantes son la disartria (afectación en la articulación del habla, muy común en accidentes craneoencefálicos) y la afasia.

Por su parte los trastornos de la comprensión lectora generan una afectación funcional y psicológica significativa en quienes los padecen, pues mucha de la educación occidental tiene su base en este sistema de símbolos:

La dislexia es la dificultad específica en los procesos de lectura en ausencia de alteraciones relacionadas con la inteligencia, trastornos neurológicos evidentes o una historia de deprivación socio cultural.

Muchos estudios apuntan a un patrón de asimetría cerebral distinto entre sujetos disléxicos y no disléxicos; en los niños disléxicos el responsable del control neural de tareas tanto espaciales como verbales parece ser el HD, mientras que lo encontrado en estudios generales de lateralización cerebral suele apuntar a una especialización de HD en tareas espaciales y HI en tareas propiamente verbales. (Manga y Ramos, 1986).

El desarrollo de esta especialización hemisférica dura hasta los 12-14 años (Bakker, Hoefkens y Van Der Vlught, 1979) lo que arroja un pronóstico muy esperanzador ante el tratamiento.

Se entiende que durante la lectura se hacen dos procesos diferentes que requieren de diferentes estructuras;

La primera ruta o ruta fonológica, es la que convierte el grafema o símbolo (a, b, c, etc) en un sonido o fonema. Se desarrolla evolutivamente antes (Caplan, 1992) por lo que es la primera estrategia que se usa al aprender el lenguaje, y llega al significado de la palabra a través de la pronunciación (Cuetos, 2001).

La segunda, la ruta léxica, ve la palabra en su conjunto y asociada a su significado. Es a la que recurrimos para corregir la ortografía de una palabra y es la que predominantemente usan los lectores experimentados (Carreira 1993).

Durante el tratamiento de dislexia, el psicólogo y el logopeda incidirán en lograr un buen aprendizaje y manejo de ambas rutas, pues es esto lo que nos permitirá leer y escribir con eficacia y velocidad.

Rocío Carballo
Psicóloga psicoterapeuta