MINDFULNESS

Este artículo te ayudará a entender qué es Mindfulness.

Pero Mindfulness es pura práctica: Si tras esta lectura te interesa acercarte al mundo de Mindfulness, hazlo con nuestra formación de 8 semanas. Pondremos todo de nuestra parte para acompañarte en el camino. Llámanos. Te resolveremos cualquier duda.

QUÉ ES MINDFULNESS

Mindfulness es SILENCIO MENTAL.

Una disciplina que recoge antiquísimas prácticas orientales y las adapta a nuestro occidente contemporáneo.

Fue allá por 1970 que Jon Kabat Zinn, doctor emérito de medicina por la Universidad de Massachusetts, introdujo estas prácticas, que en oriente eran llamadas “meditación”, en la Clínica de Reducción de Estrés donde trabajaba.

La teoría de Mindfulness es poco extensa. Sin embargo, hay muchos estudios científicos escritos en cuanto a su efectividad y sus beneficios. Mindfulness es pura práctica, así que:

  • Siéntate en una posición cómoda, sobre tu espalda erguida. Pon un pequeño despertador y prográmalo para que suene dentro de 5 minutos. Ahora cierra los ojos y mantén tu atención en todos los sonidos que te rodean. Cual si fueras una grabadora que registra esos sonidos sin irte detrás de ninguno, archiva igual el sonido más cercano y bruto que el más lejano y sutil. Mantén tu atención despierta y centrada en las sensaciones auditivas. No dejes que ningún sonido se escape y tampoco te quedes enganchado a ningún sonido, déjalos ocurrir, nacer e irse, como si tú fueras su recipiente-. Esta es una simple y efectiva práctica de Mindfulness.
  • Ahora ponte en una postura cómoda. Vuelve a programar tu despertador a 10 minutos. Cierra los ojos. Dispón tu atención a observar tus pensamientos. Ellos irán apareciendo. Cuando pase uno lo identificarás, lo etiquetarás (por ej, “Raquel”) y lo dejarás ir. Trata de volver al estado de ausencia de pensamiento hasta que, posiblemente mas pronto que tarde, aparezca un nuevo pensamiento. Haz lo mismo, etiquétalo (por ej, “Recuerdo. Praga. Alegría”). Déjalo ir. No te identifiques ni con él ni con la emoción que lo creó, lo precede y lo envuelve-. Esta es otra sencilla y poderosa práctica de Mindfulness que te ayudará no solo a trabajar sobre tu atención, sino también a identificar qué tipo de pensamientos te habitan habitualmente. Descubrirás tal vez que, hasta hoy, te habita muy a menudo la rabia por lo que X te hizo, la culpa por lo que hiciste, el miedo por lo que esta por venir, la obsesión por el trabajo, la preocupación de no llegar a fin de mes, etc. Con tiempo, los momentos de silencio mental pasarán de no estar a ocupar una buena parte de este ejercicio.

Estas prácticas son dos de tantas otras de Mindfulness. Algunas también trabajan a través del cuerpo, otras se centran en tu atención y concentración. Mas adelante, tras semanas de práctica constante, aprenderás otra forma de meditación más compleja y poderosa. La contemplación. Conseguirás en ella estar 5, 15 o 30 minutos sentado en una postura específica, manteniendo tu atención latente, sin centrarla en un sentido o en tus pensamientos. Solo así darás espacio a que se limpien los circuitos cerebrales que, sin esta ayuda, pueden conllevar confusión o síntomas somáticos.

El Mindfulness no es algo artificial, en realidad a veces lo que busca lo conseguimos de forma natural sin darnos cuenta. Mindfulness es también “fregar los platos cuando friegas los platos”. En definitiva, estar en cada momento donde se está. “Estar en lo que haces”.

Esto que parece tan simple, con una práctica consciente y constante, genera incluso cambios en los procesos químicos y electromagnéticos del cerebro, así como en la relación entre nuestro sistema nervioso parasimpático y simpático, -los desequilibrios entre estos dos sistemas son la causa de una gran cantidad de problemas somáticos-.

Incluso un estudio de la universidad de California e los Angeles (UCLA), firmado por el Dr. Steve Cole, afirma que la práctica de Mindfulness disminuye la expresión génica proinflamatoria, causante de multitud de enfermedades –por ejemplo, la de la proteína C-reactiva (CRP), potente factor de riesgo de enfermedades cardiacas-. El mismo estudio concluye que Mindfulness disminuye significativamente las sensaciones de soledad y tristeza en la edad avanzada.

¿“Pienso, luego existo” o “Existo, luego pienso”?

La psicología y la neurociencia han demostrado, de forma paralela, que cada nuevo estímulo es filtrado y comparado, de forma compleja, con nuestros estímulos recuerdo. Este análisis es automático, o como diría Freud, inconsciente, y dispara directamente una respuesta, conductual y/o emocional, antes de pasar por la razón. “…a continuación, la maquinaria racional matiza, elabora y perfecciona la decisión final” (Mora, 2006).

Muchas veces creemos que pensamos y luego actuamos, pero no es exactamente así. Nuestro funcionamiento es mucho mas automático de lo que podemos darnos cuenta. Este hecho nos dificulta inmensamente cambiar nuestra conducta y nuestra manera de vivir o “sufrir” emocionalmente un recuerdo, situación o reto. Es la causa de esa impotencia que a veces sentimos cuando no podemos dejar una pareja dañina, una conducta adictiva, un pensamiento improductivo y doloroso o no podemos entendernos con un amigo o un familiar.

Lo que propone Mindfulness a través de sus prácticas es salirnos del círculo vicioso de nuestros pensamientos automáticos inconscientes. No de los buenos, sino de los que nos estancan. Esos que todos, absolutamente todos, lo creamos o no, tenemos constantemente.

La mayoría de las veces la atención esta a merced de este sistema automático, de tal forma que no somos dueños de ella. Y teniendo en cuenta que estamos allá donde está nuestra atención;

¿Dónde estamos? Nuestro pensamiento viaja como un mono, de rama en rama, frenético y confuso, y no podemos controlarlo. Estamos posesos por un viejo aprendizaje que tal vez no nos adapta tan bien al presente como debería.

Muchos podemos recordar como a veces no hemos podido dejar de pensar en algo que no queríamos pensar, no hemos logrado desconectar o concentrarnos, incluso a veces nos hemos sentido incapaces de tomar una decisión o hemos reaccionado a algo con una rabia, ansiedad o tristeza incontrolables y absurdas.

Nuestro hemisferio izquierdo cerebral suele llevar el mando de nuestro pensamiento. Él se encarga de establecernos cronológicamente en el tiempo, y se sustenta en el lenguaje. Es el hemisferio dominante en todos los diestros y la mayoría de los zurdos. Su función es la de darle una coherencia y sentido al sistema, es decir, a nosotros mismos. Como dijo Mangun en 1993, “El hemisferio izquierdo esta demasiado ocupado diferenciando y analizando el mundo mientras el hemisferio derecho esta simplemente “estando” en el mundo”. La misión de este sistema es en realidad, imposible, pues trata de controlar una realidad que tiene tantos estímulos y posibilidades que es incontrolable. En su empeño puede caer en la obsesión, la ansiedad, la compulsión, la tristeza o en las garras del ego. A veces, su labor se vuelve un obstáculo al funcionamiento fluido del sistema al que sirve, nosotros mismos.

La práctica habitual de Mindfulness activa nuestro hemisferio derecho, desactivando circuitos “viciosos” del cerebro, y conecta y complejiza otras zonas, encargadas de la atención consciente y el pensamiento lateral, no condicionado, creativo, innovador…Mindfulness también promueve la activación de nuestro sistema nervioso parasimpático, reduciendo automáticamente las reacciones ansiosas del cuerpo como la sudoración, las taquicardias y la angustia.

El Dr. Ramesh Manocha, de la Escuela de Medicina de Sidney, en un vanguardista estudio al respecto, confirma que la salud de las personas que habían meditado, o experimentado lo que el estudio llama “silencio mental”, durante al menos dos años, era significativamente mejor que las del resto de la población australiana, principalmente en el caso de la salud mental.

Parece fácil, ¿verdad? No lo es. Ni mucho menos. Mindfulness, como todos los entrenamientos, requiere disciplina, constancia, y resistencia a la frustración. Y este es un entrenamiento especialmente difícil, pues no es un entrenamiento del cuerpo, sino de la mente.

Y es también difícil porque sus beneficios son intangibles y la mayoría llegan a largo plazo, pero sin duda, como demuestra la psicología, la neurociencia y mi práctica personal, vale la pena.

Rocío Carballo Álvarez
Psicóloga psicoterapeuta